Parálisis facial de Bell: ¿Qué es?

Soy Enrico Balduini y desde Fisioterapia NOVA quiero hablarles hoy de la parálisis facial periférica más común: La parálisis facial de Bell.

¿Qué es la parálisis facial de Bell?

La parálisis facial de Bell es una forma de parálisis facial temporal, provocada por el daño  o trauma de uno de los dos nervios faciales. Fue descrita en el año 1830 por Sir Charles Bell. Es la causa más común de parálisis facial; afecta de 11 a 40 personas por cada 100 000 cada año, con igual proporción entre hombres y mujeres. Es más común en pacientes diabéticos, y posiblemente en aquellos con hipertensión arterial, que en la población sana.

¿Qué causa la parálisis de Bell?

En el 60-70% de los casos, se desconoce la causa, pero se supone se origina por la inflamación o compresión del nervio que controla los músculos faciales, como respuesta a un trastorno inmune o viral. Recientemente, la investigación se ha enfocado en la infección por el virus herpes simplex tipo 1 como una posible causa. También se ha asociado con infecciones por el virus de la varicela (Herpes zoster), la simple gripe B, vacunas o herpes oftálamico.

Sintomatología

La parálisis facial de Bell aparece de forma repentina  y la parálisis completa se desarrolla en un máximo de 48 a 72 horas. La debilidad facial puede estar precedida unas horas o 1 a 2 días antes por un dolor localizado detrás de la oreja, la mitad de la cara y la lengua. El grado de debilidad puede varirar, de forma impredecible, de leve a completa. El lado paralizado de la cara queda sin arrugas y sin expresión. La capacidad de hacer muecas, parpadear etc se ve limitada o ausente. Frecuentemente se presenta irritación del ojo por falta de lucricación y exposición constante. Sin embargo, el ojo parece lagrimear excesiamente debido a la pérdida de control sobre el párpado, lo que permiete a las lágrimas derramarse lbremente. La comisura labial estará “caída” y por tanto la comida y saliva pueden acumularse en el lado afectado de la boca.

 

Diagnóstico y pronóstico

No existen pruebas específicas para su diagnóstico, se basa en la presentación clínica, que incluye un aspecto facial deformado y la incapacidad de mover músculos en el lado afectado.

Algunos casos son leves y no necesitan tratamiento, ya que los síntomas remiten por sí solos en 2 semanas. Para otros, el tratamiento se vee necesario y va a incluir medicamentos y fisioterapia.

El pronóstico es generalmente muy bueno. Con o sin tratamiento, la mayoría comienza a mejorar dentro de las 2 semanas posteriores al inicio de los síntomas y se recuperan completamente a los 3 a 6 meses. En relación con las secuelas que puedan quedar tras la remisión de la enfermedad, Peitersen demostró en un estudio descriptivo-observacional que, de un grupo de 1.011 pacientes no tratados, solo el 16% de éstos presentó secuelas.

 

Tratamiento

Desde el año 1927 se describe la fisioterapia como una parte muy importante del tratamiento de la parálisis facial de Bell. De las primeras intervenciones utilizadas están los protocolos de ejercicios faciales. En 1994, Beurskens et al publicaron una revisión en la que se describen una serie de tratamientos fisioterapéuticos aplicados a la parálisis facial que siguen utilizándose hoy en día.

La rehabilitación de esta patología otorga principalmente los ejercicios faciales. Éstos están orientados a mejorar la simetría facial y deben efectuarse activando la musculatura del lado afectado, evitando la participación del lado no afectado. Asimismo, los autores señalan la importancia de prevenir o evitar la aparición de sincinesias cuando se está ejecutando algún ejercicio . Algunas de las estrategias que se han planteado para evitar las sincinesias son: aplicar resistencia sólo en movimientos aislados , abrir simétricamente los ojos junto a la realización de tres movimientos bucales (fruncir los labios, descubrir los dientes y soplar hacia fuera), realizar ejercicios de estiramientos del lado afectado en la musculatura de la mímica que pueda estar implicada en las sincinesias, enseñar al paciente a percibir la tensión y la relajación muscular, y enseñarle métodos para reducir la tensión cuando ésta aparezca, y detener el ejercicio en caso de aparecer una sincinesia.